18 feb. 2010

CARNAVAL DE BIELSA 2010

CARNAVAL EN BIELSA

Los colores corren,
centellean,
obligando a la risa a danzar
entre los vasos rotos del suelo.
Caperucita roja
procaz pasea
con las medias rotas.
Un duende verde
me toca,
dice...
concederme el deseo que espero.
Un conejo me sonríe
le mandaré su foto por correo.
Absuelto
el gris de la plaza me envuelve,
aprisionándome
en el torbellino de su abrazo
forjado
en la cellisca de la madrugada.
Mientras
bailan las jóvenes madamas
con las trangas,
miro a lo alto y abrazo a Cornelio.
Como yo
pende inerte de la fachada renacentista.
¿Me quemaran a mi también mañana?.
Una tranga me acosa
quitándome el sombrero,
me embiste,
quiere besarme,
solo veo su lengua zigzagueante
apresada
en la tormenta negra de su cara
asomándose viva y roja
a la ventana
de sus dientes blancos.
Todos ríen
y yo...
un poco asustada
me refugio en el azúcar
de los recuerdos,
evocando infancias
que nunca tuve.

LOS NIÑOS DISFRAZADOS


Los niños disfrazados

con trajes de vaquita,
de flores,
de gnomos sonrientes,
se sienten integrantes
del aire,
del ambiente.
Encordados
a las manos cálidas
de sus padres
con amor y cuidados.
Envueltos por la fiesta
entre abrazos de árbol fuerte,
arropados.
Son como fotos viejas
que evocan
cada uno de ellos
a mis hijos
en diferentes épocas.
Inexplicablemente
recuerdo “La senda del perdedor”
Bukowski.
Y me hiere
hasta hacerme sangre.

A LA TRISTEZA


Será el poncho

que me obliga a ser
un poco
mas feliz.
El alcohol
siempre derrite
algo la tristeza,
la quema,
hace humo con ella,
deja que se evapore
en estelas flotantes.
De repente...
se extingue
escapándose
por cualquier
agujero de la noche.
Se cuelga lejos
en alguna estrella,
finge...
que te abandona,
viéndola
no puedes acercarte,
ni tocarla.
No,
no quiero hoy
mirarla,
volverá a acariciarme,
a abrazarme otra noche
como una amante
con furia desatada.

CRISTALES DE NIEVE


Los cristales de nieve

me provocan
haciéndome guiños
desde el suelo.
Brillan al sol
magníficos
como diamantes
irreales.
Me agacho
una y otra vez,
quiero tocarlos,
ver sus mágicas estrellas,
no me conformo
con imaginarlas.
Resbalo
y me corto con el hielo.
Ahora sé
lo que quieren.
Como vampiros blancos,
camuflados
en engañosos brillos,
solo buscan
mi sangre.