2 abr. 2012

EL ALETEO DE LA FIEBRE


Reverdece el alero de la tarde.

Un sinfín de oquedades son testigos
-desde confines inefables-
del aleteo de su fiebre.

Una muerte aromática asciende
por las raíces de la primavera
e inunda la excelsa paz
del rincón más oscuro
de los cipreses.

2 comentarios:

Princesa Nadie dijo...

Encantada de conocerte,visitar tu blog ha sido un placer

Anaís Pérez Layed dijo...

Gracias, Princesa Nadie tu blog será un trayecto asiduo para mi inspiración.
Un abrazo desde mi laberinto.