11 feb. 2013

INVIERNO EN LA CALLE



Un designio trenza su amenaza
bajo los carteles de las avenidas.
El abrazo que me tiende el frío de los arboles
su elongación directa hacia el fracaso.
Me miran las luces y me guiñan sus ojos.

Prisionera la hierba en los raíles del tranvía,
domesticada, como un animal en su jaula.
Gritan los tubos de escape
a los necios silenciosos
que sólo aúllan, muertos, en los estadios.

Al trote de la vida, se revientan las venas del asfalto
y, estalla en las aceras una gris alabanza,
al testimonio de la moda efímera;
cae golpeada al suelo cuando llueve
y se desecha por la alcantarilla.

Enfrente el frío de la escarcha
vomitándome en vano,
la oscuridad que asfixia el tiempo que me queda
y ese miedo empolvado al porvenir
que obstruye el lenguaje y sus poros.

Y vuelvo al centelleo de la urbe
con su risa congénita,
a los párpados plateados de la noche,
a la sensual mirada de un hombre solitario
que recorre mis pasos.

¡A este terrible invierno infectado de esperas!

2 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Me conquista el amiente urbano de este poema, Anaís. Y ese verso final...tremendo. Enhorauena. Besos.

Anaís Pérez Layed dijo...

Ya le he dado mil y una vuelta y cambiado un montón de cosas, aunque no las cambie en el blog, ya conoces mi obsesión por corregir hasta la infinitud... Gracias y un beso