31 ene. 2010

LA SENDA DE LOS OSOS


La senda
se ha perdido.
Sólo encuentro
señales
de que hay osos.
Detrás de los cristales
del ojo del suicidio
recojo un gato blanco
que lame
mis heridas.
Estoy
en lo alto de la brecha.
Veo el refugio
y un inmenso tobogán de nieve
me invita
a la fiesta de la risa.
Llorando
dejo caer
nueces para los pájaros.
Ya solo respiro,
jadeo,
me río.
No he perdido aún
lo mas valioso.
Mi corazón de nuevo,
fresco,
como de niña,
danza ya
con futuras flores
de primavera.
Y soy la jineta,
la gacela instintiva
que sobrevive a todo.
No pienso,
solo siento
la bofetada dura
del viento
en la mejilla izquierda.
Me das la mano.
Algo inconsciente
provoca mi lascivia
y sin darme cuenta
abro de par en par
la espiral 
por donde dulces brotan
las flores de mi vientre.

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