20 may. 2010

MI TRISTEZA NO LLORA


Mi tristeza no llora,
se sabe irredimible
por tus ojos de muerto
y tu cuerpo y tus manos
tan vacías que asustan.

Lloraba antes
cuando aún era posible
sortear el abismo,
sobrevolándolo,
con las etéreas alas de la suerte
y ambos nos amparabamos
bajo el paraguas
de una fe indestructible.

Caen cortinas blancas,
entre nosotros,
como sudarios de escarcha,
separandonos,
entre la bruma gélida,
donde tu nombre
plantó semillas de dolor
en mis fértiles poros
de eterna niña castigada.
Ahora no te gusta
el color de sus flores.

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